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Educación Religiosa

La enseñanza de la religión en la escuela constituye una exigencia de la concepción antropológica abierta a la dimensión trascendente del ser humano: es un aspecto del derecho a la educación (Cf. c. 799 CIC). Sin esta materia, los estudiantes estarían privados de un elemento esencial para su formación y para su desarrollo personal, por ello el área de Educación Religiosa se integra plenamente en el Proceso Educativo Peruano en cuanto que contribuye a la formación integral de la persona en el aspecto de la formación de la conciencia moral y su apertura al plano de la Trascendencia. En este sentido, para la Iglesia, la Formación Religiosa escolarizada es un servicio que presta a la Sociedad, en cooperación con el Estado y la Escuela. Esta Área quiere unirse a la Exhortación Apostólica Postsinodal: ECCLESIA IN AMERICA del SANTO PADRE JUAN PABLO II: “El mundo de la educación es un campo privilegiado para promover la inculturación del Evangelio. Solo así se podrán formar dirigentes auténticamente cristianos en los diversos campos de la actividad humana y de la sociedad, especialmente en la política, la economía, la ciencia, el arte y la reflexión filosófica.

Por otro lado El Concilio Vaticano II permite, pues, subrayar como característica específica de la escuela católica, la dimensión religiosa: en el ambiente educativo; en el desarrollo de la personalidad juvenil y en la coordinación entre cultura y evangelio; de modo que todo sea iluminado por la fe.

Por eso que esta área ofrece una pedagogía en donde se debatan los temas de la agenda educativa de nuestro tiempo, se acepten y se generen pensamientos nuevos, pero, al mismo tiempo, se anuncie la Verdad que nos propone el mensaje revelado y el magisterio de la Iglesia. Aparecida (34).

Así también el Área comparte la preocupación del Papa Benedicto XVI cuando nos refiere en su Carta La tarea urgente de la educación: “Todos nos preocupamos profundamente por el bien de las personas que amamos, en particular de nuestros niños, adolescentes y jóvenes. Sabemos, de hecho, que de ellos depende el futuro de nuestra ciudad. Debemos, por tanto, preocuparnos por la formación de las futuras generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, por su salud no solo física sino también moral” Esto nos lleva a amar a nuestros alumnos como nuestros mismos hermanos.

En este sentido el enfoque pedagógico que propone el DCN y que refuerza el Área de Educación Religiosa, concibe el aprendizaje como el desarrollo de capacidades en el estudiante, que lo hacen competente para seguir descubriendo y aprendiendo, para saber actuar frente a nuevas posibilidades; buscando desarrollar el pensamiento crítico y reflexivo, el descernimiento de los hechos de la vida cotidiana y la resolución de los problemas, a la luz de la verdad y la caridad.

El método didáctico que se propone para el área es el que adopta la Iglesia para abordar, analizar, reflexionar y actuar sobre la realidad. Se denomina ver, juzgar, actuar. Cuando adoptamos el método didácticamente aparecen otros pasos que se ubican dentro del actuar y son celebrar y revisar. Tenemos en cuenta que la explicación y abordaje de cada momento, durante el proceso de la sesión de aprendizaje, responde a una lógica y a un estilo “contemplar” significa mirar con detenimientos, admirarse, discernir, y por ello estar presente durante todo el proceso. Partimos de una realidad antropológica, de contemplar un hecho de la vida, un problema del estudiante, una situación de la realidad social, que tratamos de analizar hasta lo más profundo para continuar con la contemplación a través de la iluminación de esa realidad por la Palabra de Dios (Biblia) o El Magisterio de la Iglesia (interpretación de la Palabra de acuerdo a los signos de los tiempos). La contemplación se hace más evidente al reflexionar, interiorizar y confrontar: ¿Qué nos dice a cada uno la Palabra de Dios? ¿De qué manera nos sentimos involucrados? ¿Somos en alguna medida responsable de esa realidad? ¿Cómo podemos cambiarla?

Por todo esto, si bien la propuesta curricular responde al perfil de la educación católica cualquier estudiante se sentirá cómo en su clase, ya que católica significa universal y acogerá a todos los creyentes o no, o también pertenecientes a otra confesión, para que todos descubran la belleza del Proyecto de Dios para la humanidad y para cada uno en especial. Finalmente no olvidemos que cada encuentro desarrolla la apertura a Dios a fiarse de Él. También promueve la criticidad que le permite al estudiante desarrollar una cosmovisión cristiana de la realidad en que vive; la creatividad, le posibilita poner al servicio de los demás todos sus talentos, el espíritu de solidaridad y de compromiso, su desarrollo como persona, como ciudadano en su comunidad y con toda la creación, afianzando la toma de decisiones oportunas y asertivas a favor de sí mismo y del bien común.